Evoca exactamente la costa. Desde la primera pulverización me hace sonreír. Es suave, natural, fresco, limpio. Unisex. Un aroma que entra sin esfuerzo, como la misma brisa marina.
Se siente el acorde marino, pero no es un marino tropical de bronceador ni ese imaginario exótico. Es la sensación de una costa real: mar vivo, ligeramente batido. Me lleva a un verano de temperatura suave, agradable, donde el aire es fresco y no pesa.
En mi caso despierta algo muy concreto: la anticipación. Ese momento en el que preparas la bolsa de la playa y sientes que el día promete. La energía bonita del inicio del verano, cuando todo empieza: planes de surf, kayak, buceo, barco…
Es la mañana. Luz. Calma. Emoción.
El instante previo a llegar. El momento de subir los bártulos al barco o guardar en el tambucho del kayak el agua y la comida.
También me sugiere elegancia natural, sin complicaciones. Me imagino a una mujer u hombre con camisa blanca, shorts o bermudas azul claro, alpargatas y una bolsa de rayas marineras. Sencillo, pero impecable.